viernes, 27 de enero de 2023

derrota y prisión de morelos

 La noche del día 24, Iturbide culminó la derrota de los atacantes, dando fin, en gran medida, a la carrera militar de Morelos. Cuatro mil hombres acometieron a los insurgentes los que, por la oscuridad, lucharon incluso entre ellos mismos. Todo se perdió esa noche. No sólo hubo una gran pérdida de vidas humanas sino también de todo el arsenal que habían reunido en Chilpancingo. Con la derrota de las fuerzas insurgentes, Morelos no sólo perdió la esperanza de que su ciudad natal –Valladolid– fuera sede del Congreso, sino la de iniciar una vasta campaña en esa región. Después de reunir los grupos que habían quedado dispersos, Morelos ordena marchar hacia la hacienda de Puruarán, a 22 leguas de Valladolid. A pesar de la opinión de los jefes insurgentes de no presentar batalla, Morelos reitera la orden de esperar al brigadier Llano, dejando el mando de la batalla al general Matamoros. En pocas horas los realistas arrollaron a los insurgentes. Matamoros es hecho prisionero, conducido a Valladolid y fusilado el 3 de febrero de 1814, tras un breve juicio. A partir de esta fecha, todo sería desastre y pérdidas para las fuerzas insurgentes. Morelos irá de un lugar a otro, marchando sin cesar. Llega a principios de octubre a Apatzingán para asistir a la promulgación de la primera carta política que normaría a la nación mexicana, que esperaba fuera libre y soberana en un futuro ya muy próximo. Sin embargo, como la situación se hacía cada vez más dificil, el Congreso votó por mudarse a Tehuacán que había permanecido en manos del insurgente Manuel Mier y Terán. Se confió a Morelos el llevar a feliz término esta peligrosa travesía. En noviembre de 1815, al escoltar al Congreso a Tehuacán, fue atacado por el realista Miguel Manuel de la Concha, quien lo derrotó y lo hizo prisionero. El Congreso, sin la protección del caudillo, y menguado por la deserción y la captura, llegó a Tehuacán. Los últimos días de Morelos fueron largos y dolorosos. Desde el 5 de noviembre –fecha de su aprehensión en Tezmalaca–, hasta el 22 de diciembre –día en que fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec–, fue objeto de vejaciones por parte de sus captores, fue humillado por las autoridades durante su juicio. Por último, fue degradado, sometido a un auto de fe y sentenciado a muerte. El virrey Calleja demoró su decisión tres semanas; el 20 de diciembre aprobó la ejecución, disponiendo que ésta se realizara fuera de la ciudad y que el cadáver no fuera mutilado.La vida de Morelos fue difícil; tuvo que vencer muchos obstáculos para lograr las metas que se propuso pero, sobre todo en la consecución de su objetivo máximo –el que la patria fuera libre y soberana– dio muestras de una voluntad inquebrantable. De él podría decirse –parafraseando al Quijote– “si fue vencido de los brazos ajenos, fue vencedor de sí mismo; que, según él ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede”. Sus acciones, junto con sus palabras, son la herencia invaluable e imperecedera que legó a las generaciones venideras. Pocos meses antes de su muerte escribió una carta en que expone, con emotivas palabras, por qué Miguel Hidalgo, Allende y él mismo, apoyados por miles y miles de mexicanos, se decidieron a tomar las armas: Cansado el pueblo mexicano de sufrir el enorme peso de la dominación española y perdida para siempre la esperanza de ser feliz bajo el gobierno de sus conquistadores, rompió los diques de su moderación y arrostrando dificultades y peligros que parecían insuperables a los esfuerzos de una colonia esclavizada levantó el grito de su libertad y emprendió valerosamente la obra de su regeneración.


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La consumación de Independencia